Capítulo tres : Por causa de mi cuerpo
Consultar al cuerpo para tomar conciencia de sus fuerzas en ese momento no es un reflejo corriente. Mirar cómo lo vivimos, aprender a conocer sus necesidades, a leer su lenguaje, no es algo fácil y puede constituir un largo aprendizaje. Nuestro cuerpo tiene también reacciones, incluso a veces inesperadas, que nos cuestionan, nos despiertan, y que nuestra inteligencia no llega a comprender de verdad, a veces, incluso pueden parecerle ilógicas. Este tipo de enigma puede venir del hecho de que el cuerpo no es la única causa de tales reacciones: la sensibilidad también está concernida. Estas dos instancias de la persona están muy estrechamente ligadas y llamadas a vivirse en armonía. Sin embargo, puede suceder que una u otra no cumplan su función debido a bloqueos o traumatismos vividos anteriormente. En el caso de algunas de estas reacciones corporales enigmáticas, la sensibilidad bloqueada no expresa las emociones o los sentimientos que podía sentir si funcionara normalmente. Los transmite más bien al cuerpo, provocando unas reacciones llamadas psicosomáticas. Esta transposición de la vivencia emocional al cuerpo, a largo plazo, llega a ser refleja. Efectivamente, la sensibilidad aprende cada vez más a cerrarse, a endurecerse, para no sentir lo que podría herirla o causarle un sufrimiento. Inconscientemente, expresa a través del cuerpo lo que amenaza con perturbarla. A veces, es entonces difícil reconocer que se trata de una reacción psicosomática más que de una reacción puramente física. Sin embargo, la persona puede aprender a diferenciar lo que es de una u otra categoría a través de un trabajo de análisis de sensaciones en el cual lentamente la sensibilidad se habitúa de nuevo a sentir.
La metodología de conocimiento de sí mismo propuesta por PRH descansa en la toma de conciencia de la presencia de esas sensaciones dentro de sí y en el análisis de las que presentan un interés para el crecimiento o para un mejor funcionamiento. Este análisis se propone como un medio para descifrar metódicamente del mensaje que contienen esas sensaciones para conocer su origen. Teniendo así diagnosticada la causa desencadenante de la sensación que experimenta, la persona está mejor situada para gestionar lo que vive y aportar el remedio... “La persona y su crecimiento”. Pág. 52
Más adelante, con los procesos de María y de Francine, veremos cómo funciona este camino de análisis. Pero, antes de abordarlo, aportamos algunas precisiones que conciernen más especialmente a este capítulo.
La entrada en relación de ayuda
Cuando una persona afectada por reacciones psicosomáticas comienza un proceso, observamos que la sensibilidad y el cuerpo están marcados por la cerrazón para sentir. La persona puede experimentar el dolor o ver ciertos efectos en su cuerpo, pero no hace una relación consciente con él, que le permita sentir si tal miembro o tal órgano está tenso o relajado. Del mismo modo la conexión con las extremidades está generalmente ausente: las manos y los pies –que sirven de modo especial en el contacto con el entorno- se utilizan mecánicamente y sólo están en relación con el mundo exterior a través de una atención deliberada de la voluntad. Por parte de la sensibilidad, la relación con la vivencia interior es más bien anémica , pobre o limitada. Las personas se expresan sobre todo en términos generales tales como: “no estoy bien”, “estoy enfadada”, “estoy resentida con él”... Y, habitualmente, el contacto entre lo que se dice y lo que se siente resulta bastante difícil.
Para algunas de estas personas que sufren reacciones psicosomáticas, el acompañamiento propuesto por PRH es un medio de evolución muy favorable: tanto la dimensión relacional de nuestra forma de ayuda, como el proceso utilizado -el análisis metódico de las sensaciones- permiten al cuerpo y a la sensibilidad resquebrajar su cerrazón y abrir así un camino de vida para lo que está ahogado o medio muerto.
En la relación de ayuda PRH, aún teniendo el cuidado de ayudar a la persona a resolver lo que le causa problema, el formador o la formadora acepta comprometerse en una relación y vive en su fondo una acogida incondicional del otro. En este ambiente en el que la persona ayudada se siente acogida, comprendida, no juzgada en lo que dice o vive y amada por lo que es, su sensibilidad se despierta. Lo que en otro tiempo causó su cerrazón llega a ser menos amenazante. El clima afectivo positivo, es decir, sin expectativas particulares, sin exigencias de hazañas, sin ningún tipo de manipulación, viene a reanimar las fuerzas vivas de la persona. Poco a poco, puede recuperar la confianza en sí misma y en los demás, llega a ser capaz de abrirse para expresarse. El gusto por la vida, a veces apagado desde hacía mucho tiempo, comienza a surgir y siente su derecho de existir tal cual es.
El clima afectivo facilitador e incondicional tiene igualmente una influencia sobre el cuerpo porque, como mencionábamos antes, la sensibilidad y el cuerpo están estrechamente ligados: lo que hiere a la primera repercute en el segundo y viceversa. Sentirse aceptado y amado, permite al cuerpo distenderse. Tener el derecho a estar ahí, a vivirse en su identidad masculina o femenina. A través de una relación donde uno se siente en seguridad, los miedos se apaciguan y, lentamente, disminuyendo la tensión, puede comenzar a abrirse a lo que siente. “La vida puede resurgir” pág. 121-124 |